captura de pantalla de conversación virtual con Jordi Pascual

¿Es la cultura el cuarto pilar del desarrollo? Conversación con Jordi Pascual

La cultura no es un accesorio del desarrollo: no es un complemento ornamental de la economía ni un elemento secundario de la política social. En palabras de Jordi Pascual, director de la Comisión de Cultura de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), “es imposible comprender lo que significa hoy ser humano sin tener en cuenta los componentes que aporta el proceso cultural”.

En el más reciente episodio de Cultura en Iberoamérica: conversaciones desde Bogotá, en conversación con Jorge Melguizo y Natalia Sefair, el invitado reflexionó sobre el papel de la cultura en la Agenda 2030, la democracia, el desarrollo sostenible y el liderazgo de las ciudades iberoamericanas en el escenario internacional.

 

La conversación comenzó con una pregunta esencial: ¿Para qué la cultura? La respuesta fue directa: “Para ser humanos, para profundizar en nuestra humanidad con mayor conciencia de lo que significa vivir en una comunidad”. Y cuando se reformuló la pregunta —¿para quiénes la cultura?— la respuesta fue aún más clara: “Para todas y todos”.

La cultura como cuarto pilar del desarrollo sostenible

Desde 2004, cuando nació la Comisión de Cultura de CGLU, se instaló una metáfora que ha ganado fuerza global: la cultura como el cuarto pilar del desarrollo sostenible.

Durante décadas, el desarrollo sostenible se estructuró en un triángulo clásico: crecimiento económico, equidad social y equilibrio ambiental. Sin embargo, la cultura quedó por fuera de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y, posteriormente, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Para el invitado, esta omisión es estructural:

“Constatábamos que tú leías los Objetivos de Desarrollo del Milenio y ahí la cultura no existía, no estaba”.

De ahí surgió una lucha que continúa vigente: lograr un Objetivo de Desarrollo Sostenible específico para la cultura en la agenda posterior a 2030.

¿Por qué la cultura debe ser un ODS?

La campaña internacional Cultura 2030 Goal busca que, en la próxima negociación global, se reconozca oficialmente lo que en las ciudades ya es evidente. Jordi planteó una pregunta estratégica:

“¿Cómo llegar hoy a aquellas personas que van a dar las instrucciones a sus negociadores en Nueva York en el año 2027? (...) Es imposible que un país se explique sin la cultura”.

El reto es político, pero también pedagógico: demostrar que la cultura puede medirse y que tiene impacto global.

Cultura y democracia: una relación urgente

En un contexto de polarización y debilitamiento democrático en distintas regiones del mundo, la cultura aparece como un factor clave de cohesión social. Jordi Pascual advirtió que vivimos un momento en el que:

“Los enemigos de la democracia están siendo muy explícitos, están muy presentes de manera desacomplejada". Y frente a esto, subrayó la evidencia: “La participación en la vida cultural, sobre todo de manera activa, está correlacionada con el compromiso con los valores democráticos”.

Para el invitado, la cultura fortalece la empatía, el respeto, el interés por hacer cosas juntos. En otras palabras, fortalece el tejido democrático desde lo cotidiano.

De lo global a lo ultralocal

Uno de los aspectos más disruptivos de su trabajo, según sus propias palabras, es “trabajar con conciencia planetaria, pero a la vez ser radicalmente local, ultralocal”. Para Jordi Pascual no hay contradicción entre la agenda internacional y la vida de barrio. La transformación global comienza en el territorio, en la comunidad, en la participación activa.

Incluso lanzó una autocrítica potente al sector cultural: “A tu teoría le falta calle”. La cultura, sostuvo, no puede gestionarse desde una torre de marfil; debe estar conectada con las realidades urbanas, las desigualdades, los procesos ambientales y sociales.

El liderazgo cultural de Iberoamérica

Lejos de ser periferia, las ciudades iberoamericanas han sido protagonistas en la construcción de la agenda cultural global. El invitado reconoció que:

“Fue la incorporación de las voces de América Latina, en buena parte, las que provocaron el nacimiento de CGLU”.

Bogotá, Medellín, Ciudad de México, Buenos Aires, Montevideo y muchas otras ciudades han liderado procesos que hoy son referencia internacional: “Las ciudades iberoamericanas lideran procesos, están en la cabeza”. Este liderazgo ha sido clave en la defensa de los derechos culturales y en la integración de la cultura en el desarrollo sostenible.

El desafío hacia 2027

La gran pregunta que atravesó esta conversación es estratégica y urgente:

“¿Cómo emplear el tiempo para llegar a quienes negocian la nueva agenda de desarrollo y que comprendan que cometimos un enorme error en 2015?”

El horizonte está puesto en la agenda post-2030. El objetivo es que la cultura deje de ser una dimensión implícita y se convierta en un compromiso explícito del sistema multilateral. Como insistió el invitado: “Es imposible sostener hoy ninguna política sin apelar a todas las personas que viven en un territorio”.

La cultura no es solo patrimonio o excelencia artística: es, sobre todo, comunidad, territorio, naturaleza, derechos, gobernanza y prosperidad. Es el espacio donde se construyen los significados compartidos. En tiempos de crisis democrática, emergencia climática y desigualdad creciente, la pregunta ya no es si la cultura importa; la pregunta es cuánto tiempo más puede el mundo seguir diseñando su futuro sin reconocerla como pilar central del desarrollo.



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