captura de la entrevista

“La cultura es todo lo que necesitamos para ser felices”: Joe Giménez

¿Cómo se construyen espacios donde el arte sea un derecho y no un privilegio? ¿De qué manera la cultura puede convertirse en una herramienta para fortalecer la democracia, la conciencia crítica y la vida comunitaria? Estas fueron algunas de las preguntas que guiaron un nuevo episodio de  ´Cultura en Iberoamérica: Conversaciones desde Bogotá´, el videopodcast de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte.

 

En esta ocasión, Jorge Melguizo conversó con Joe Giménez, lideresa cultural paraguaya y fundadora y directora de la BioEscuela Popular El Cántaro, una iniciativa comunitaria ubicada en Areguá, Paraguay, que desde hace 18 años trabaja para acercar el arte, la cultura y la educación a niñas, niños, jóvenes y familias de su territorio.

Desde un entorno rodeado de árboles, pájaros y naturaleza, Joe compartió una historia ligada a la transformación social, al trabajo comunitario y a la convicción de que las artes pueden cambiar el rumbo de una vida.

“La cultura para ser libres, para ser felices”

La conversación comenzó con una pregunta habitual en esta serie de encuentros: ¿para qué la cultura? La respuesta de Joe Giménez fue tan sencilla como contundente:

La cultura para ser libres, para ser felices. La cultura es todo lo que necesitamos para ser felices”.

Esa visión atraviesa toda la experiencia de El Cántaro, una propuesta que entiende el arte no como una actividad complementaria, sino como una dimensión fundamental para el desarrollo humano, la construcción de ciudadanía y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios.

Para Giménez, la cultura permite ampliar horizontes, imaginar otras posibilidades de vida y construir herramientas para comprender y transformar la realidad.

Cuando Jorge Melguizo le preguntó qué palabra la definía, Joe respondió sin vacilar: “Rebeldía”. Una rebeldía que, según explicó, nació desde la infancia, en una sociedad marcada por estructuras tradicionales y por las huellas de una de las dictaduras más largas de América Latina.

Siempre fui un poco rebelde. Siempre dije: tiene que existir otra cosa, no quiero repetir lo que me dicen que tengo que repetir”, afirmó.

Esa actitud crítica se convirtió, con el tiempo, en una forma de entender la educación, la cultura y el trabajo comunitario. Sus referentes, explicó, no provienen únicamente de la academia o de los grandes liderazgos culturales. Sus referentes también están en las personas que sostienen los saberes cotidianos de Paraguay: sus abuelos, las mujeres que recolectan plantas medicinales para el tereré y quienes conservan conocimientos ancestrales transmitidos de generación en generación.

Admiro a las personas de mi territorio que, sin saberlo, hacen cultura y la mantienen viva”.

El Cántaro: una escuela y un sueño colectivo

El Cántaro es una experiencia comunitaria construida desde los sueños, las necesidades y las preguntas de una generación. Joe la describe como la escuela que hubiera querido encontrar cuando era niña.

El Cántaro representa el sueño de una generación de niñas y niños que crecieron sin acceso al arte y pensando que la cultura era un privilegio y no un derecho”.

La iniciativa nació en las calles de Areguá, a pocos kilómetros de Asunción, y durante años utilizó espacios públicos, patios y rincones comunitarios para desarrollar actividades culturales. Hoy cuenta con dos sedes propias, una biblioteca popular, espacios de formación artística y una arquitectura construida colectivamente mediante técnicas tradicionales de bioconstrucción y uso de barro.

Es una escuela de la vida donde todos aprendemos todo el tiempo y donde las paredes hablan porque las construimos nosotros mismos”, explicó.

Uno de los principios fundamentales de El Cántaro es que el arte pertenece a todas las personas.

Todos somos artistas, todos somos creadores. El arte no es solo para los iluminados, es para todos”.

Bajo esta premisa, la BioEscuela desarrolla procesos de música, teatro, lectura, creación artística y formación ciudadana con una metodología que pone en el centro la colaboración y el aprendizaje colectivo. Lejos de los modelos competitivos tradicionales, la propuesta promueve lo que llaman una pedagogía colaborativa.

El que sabe más utiliza ese conocimiento para ayudar al que sabe un poquito menos. Así vamos construyendo juntos”.

Esta visión también transforma el rol de docentes, estudiantes y familias, que participan activamente en los procesos de aprendizaje y reconocen que el conocimiento puede surgir desde múltiples lugares y experiencias.

Formar ciudadanos críticos

Con el paso de los años, Joe Giménez fue replanteando algunas de sus propias convicciones sobre la educación. Durante mucho tiempo creyó que el principal objetivo era que los jóvenes llegaran a la universidad. Sin embargo, la realidad de muchas familias le mostró que existían otros caminos igualmente valiosos. Hoy su apuesta es diferente:

Lo más importante es que los chicos y chicas sean incapaces de quedarse callados cuando ven una injusticia”.

Por eso, además de los procesos artísticos, la BioEscuela trabaja temas relacionados con derechos humanos, participación ciudadana, democracia, derechos laborales y comprensión crítica de la realidad. La meta es que quienes pasan por El Cántaro desarrollen herramientas para tomar decisiones informadas, defender sus derechos y convertirse en agentes activos dentro de sus comunidades.

Cultura comunitaria 

La conversación también abordó la historia reciente de Paraguay y las huellas que dejó la dictadura de Alfredo Stroessner, que se extendió durante 35 años. Joe reflexionó sobre cómo el silencio, el miedo y la ausencia de memoria siguen siendo desafíos para las nuevas generaciones.

La dictadura se fue, pero muchas de sus consecuencias permanecieron. Nuestra generación está empezando a hablar de eso”.

En ese contexto, destacó el papel de la cultura como espacio para construir memoria, promover el diálogo y fortalecer la democracia. Para ella, los proyectos culturales comunitarios cumplen una función que trasciende las actividades artísticas: son lugares de encuentro, protección, cuidado y formación ciudadana.

La cultura y el arte no son un pasatiempo. Son procesos que transforman vidas y comunidades”.

Aprender de Iberoamérica 

Joe Giménez participó en 2025 en el encuentro Culturas y Ciudades en Iberoamérica: Conversaciones desde Bogotá, realizado por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá.

Durante su visita conoció experiencias comunitarias de la ciudad, entre ellas bibliotecas populares y procesos culturales territoriales que fortalecieron su reflexión sobre nuevos modelos organizativos y formas de liderazgo colectivo. Estos intercambios, afirmó, permiten reconocer que los desafíos de las comunidades latinoamericanas son compartidos y que las soluciones pueden construirse desde el aprendizaje mutuo.

Necesitamos seguir construyendo juntos, aprender unos de otros y fortalecer estos vínculos entre los países iberoamericanos”.

Al cierre de la conversación, Jorge Melguizo invitó a Joe a compartir la pregunta que hoy la acompaña en su camino personal y comunitario. La respuesta fue una reflexión sobre el compromiso, la perseverancia y el sentido de la acción cultural.

¿Cómo hacemos para seguir luchando toda la vida por nuestras comunidades, sin perder la esperanza ni dejar de mirar lo que ocurre a nuestro alrededor?”.

Una pregunta que resume la esencia de su trabajo en El Cántaro: construir, desde el arte y la cultura, espacios donde las personas puedan imaginar otros futuros posibles, fortalecer sus comunidades y ejercer plenamente su derecho a crear, participar y transformar el mundo que habitan.



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