La cultura como motor de cambio en Iberoamérica: conversación con Raphael Callou
En un contexto global marcado por desigualdades, crisis democráticas y desafíos sociales, la cultura emerge como una herramienta clave para el desarrollo y la transformación social. Así lo planteó Raphael Callou, Director General de Cultura de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), en una conversación con Jorge Melguizo y Natalia Sefair en el videopodcast Cultura en Iberoamérica: conversaciones desde Bogotá.
Durante el diálogo, se analizaron temas centrales para el futuro de la región, como el papel de la cultura en las políticas públicas, la cooperación internacional, el rol de las ciudades y la importancia de la educación artística para fortalecer la democracia y la convivencia.
¿Para qué la cultura en Iberoamérica?
La conversación abordó, como es usual, una pregunta fundamental: ¿para qué la cultura? En respuesta, el invitado recurrió a una frase del escritor brasilero Ferreira Gullar, que resume el sentido profundo del arte y la cultura: “La cultura existe porque la vida no es suficiente”. A partir de esa idea, explicó que una de las funciones centrales de la política cultural es permitir que el arte y la cultura puedan coexistir con las distintas realidades sociales, ofreciendo nuevas formas de interpretar y vivir el mundo.
“Creo que lo que intentamos hacer a partir de la cultura, a partir de lo que estructuramos de política pública, es permitir que el arte y la cultura puedan coexistir y que puedan ofrecer a nuestras diferentes realidades, diferentes maneras de coexistir”.
Desde esta perspectiva, la cultura se convierte en un espacio donde las sociedades pueden imaginar alternativas, fortalecer la convivencia y ampliar sus horizontes democráticos.
Cultura y construcción de paz
Uno de los ejes más relevantes del diálogo fue la relación entre cultura, educación y paz. Raphael mencionó datos de organismos internacionales que muestran el vínculo entre cultura y conflictos:
“Hay un dato de la UNESCO de 2022 que establece que el 89% de los conflictos armados existentes entre diferentes naciones existen en países o entre poblaciones con poca o ninguna cooperación intercultural”.
Este dato refuerza la idea de que la cultura puede desempeñar un papel fundamental en la prevención de conflictos y en la promoción de sociedades más inclusivas. En este sentido, la educación artística aparece como un componente central de la formación ciudadana:
“Cuando incorporamos la dimensión artística como parte de la formación integral de un ciudadano, ofrecemos también elementos que contribuyen al fortalecimiento de la cultura de paz”.
Esto es porque la cultura y el arte ayudan a desarrollar habilidades clave como la empatía, la capacidad de interpretación y el pensamiento crítico, fundamentales para la convivencia democrática.
Las ciudades y la cooperación cultural internacional
La conversación también aborda el creciente papel de las ciudades en la diplomacia cultural. Raphael explicó que hoy asistimos a un fenómeno cada vez más visible: la paradiplomacia cultural; es decir, la participación directa de gobiernos locales en redes internacionales de cooperación.
“La paradiplomacia surge como un fenómeno de la desconcentración de los poderes centrales, y tiene mucho que ver con el rol cada vez más importante que tienen las ciudades”.
Las ciudades se han convertido en espacios clave para la innovación en políticas culturales, el intercambio de experiencias y la creación de redes internacionales. Este tipo de cooperación permite compartir aprendizajes, fortalecer políticas públicas y promover la integración cultural regional.
Cultura y economía creativa
Otro aspecto central de la conversación fue el impacto económico de la cultura. Según Raphael, la economía cultural tiene un peso significativo en el desarrollo de los países iberoamericanos:
“Cuando hablamos de la economía de la cultura, hablamos de un sector que representa el 6% de todos los empleos generados a jóvenes con hasta 30 años”.
Además, el sector cultural aporta entre el 1,4% y el 3,3% del PIB de los países iberoamericanos, lo que demuestra su relevancia económica. Esto significa que la cultura no solo es un derecho o un valor simbólico, sino también un motor de desarrollo económico sostenible. Incluso desde el punto de vista fiscal, la inversión cultural puede tener un efecto multiplicador:
“Por cada real invertido se generaban 1,6 reales más de lo que se generaba como «pérdida de exención tributaria»”.
Estos datos refuerzan la idea de que invertir en cultura no es un gasto, sino una decisión estratégica para el desarrollo social y económico.
El desafío de financiar la cultura
Uno de los grandes retos del sector cultural sigue siendo su financiación. Raphael señaló que muchos proyectos culturales dependen exclusivamente de fondos públicos, lo que hace necesario explorar modelos de financiación más diversificados.
“No podemos tener una dependencia de sólo una fuente de financiación, sino pensar de manera diversificada en diferentes herramientas que podamos tener para la sostenibilidad de los proyectos culturales”.
Esto implica combinar recursos públicos, cooperación internacional, alianzas con el sector privado y nuevos modelos de gestión cultural. Otro desafío fundamental es la falta de información sistemática sobre el impacto de la cultura. El invitado advirtió que el sector cultural todavía tiene una baja cultura de datos, lo que dificulta demostrar su impacto ante los responsables de la toma de decisiones. Contar con datos y evidencias permite demostrar el valor de la cultura en ámbitos como la economía, la educación, la salud y la cohesión social.
Cultura para imaginar el futuro
La conversación concluyó con una reflexión inspirada en el pedagogo brasileño Paulo Freire, una de las figuras más influyentes del pensamiento educativo latinoamericano. El invitado recordó una frase que resume la importancia de la cultura y la educación en la transformación social: “Aprendemos a leer para poder escribir nuestro futuro”.
Esta idea conecta con el espíritu de toda la conversación: la cultura no solo interpreta la realidad, sino que también permite imaginar y construir futuros posibles. La reflexión final fue clara: la cultura debe entenderse simultáneamente como derecho, política pública e inversión estratégica. En palabras de Raphael Callou:
“Si hablamos de la cultura como un derecho, hay que pensar en los fondos necesarios para que ese derecho verdaderamente se materialice”.
En un momento en que las sociedades enfrentan grandes transformaciones sociales, tecnológicas y políticas, la cultura puede desempeñar un papel decisivo en la construcción de sociedades más democráticas, inclusivas y sostenibles en Iberoamérica.


