Cultura, convivencia y derechos culturales: una conversación con André de Paz
En América Latina, donde persisten desigualdades estructurales y múltiples formas de violencia, la cultura se reafirma como un espacio clave para construir convivencia, dignidad y transformación social.
En un nuevo episodio de Cultura en Iberoamérica: conversaciones desde Bogotá, André de Paz —sociólogo, artista y gestor de derechos culturales de Guatemala—, en conversación con Jorge Melguizo y Andrea García de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, propuso una mirada que conecta lo cultural con la vida cotidiana, los territorios y los procesos comunitarios.
La cultura: territorio de encuentro y transformación
La conversación partió de una pregunta esencial: ¿para qué la cultura? Desde su experiencia, André de Paz planteó una definición amplia:
“La cultura sigue siendo la capacidad de asombro, sigue siendo un espacio y un territorio de encuentro. Para mí la cultura también es ese lugar que mueve mi día a día, la cotidianidad, pero también pienso la cultura colectivamente para la dignidad humana, para los derechos, para la capacidad de la convivencia, de transformar, de convivir”.
Esta mirada reconoce que la cultura no es un campo aislado, sino una dimensión que atraviesa la vida social, las relaciones y las posibilidades de construir comunidad. Al mismo tiempo, no evade las tensiones propias de lo social. En palabras del invitado:
“Reconozco también que la cultura es para el conflicto… pero quiero seguir pensando y creer firmemente que la cultura es para generar encuentros, espacios y posibilidades de otras formas de convivir, de vivir y de otros mundos posibles”.
Sentidotorio: sentir la cultura más allá de observarla
Uno de los aportes más significativos que se abordaron en la conversación fue el trabajo del Sentidotorio, una iniciativa que replantea la forma de producir y compartir conocimiento cultural.
El proyecto surgió como una alternativa a los modelos tradicionales de observatorios, incorporando una dimensión más sensorial, participativa y cercana a las personas:
“Sentidotorio es una palabra inventada por nosotros, inspirada en los observatorios, pero en lugar de solo observar, poner todos los sentidos. Un observatorio cultural no solo puede observar, tiene que poner todos los sentidos(...), así entendemos también la cultura”.
Desde esta lógica, la cultura no se limita a ser analizada, sino que se experimenta, se traduce y se comunica en distintos lenguajes, combinando investigación, educación y creación colectiva.
Reconstruir desde la convivencia
La experiencia de Guatemala atravesó la conversación, especialmente en relación con los impactos de la guerra y las violencias que persisten en la actualidad. André advirtió que estos procesos dejan huellas profundas en lo social:
“Deja traumas colectivos y sociales y eso todavía lo seguimos viviendo. (...)Pareciera que vivimos en guerras silenciadas”.
Frente a este escenario, la cultura se plantea como una herramienta para reconstruir el tejido social desde lo cotidiano:
“Lo contrario a esta guerra, o a estas violencias, creemos que es la convivencia (…) contribuir al encuentro y a encontrarnos en la diversidad o en los diferentes que somos, no para ser iguales, sino más bien para construir y entendernos”.
Así, la cultura permite generar espacios de confianza, diálogo y reconocimiento en contextos marcados por la fragmentación social.
Participación y cultura
Uno de los grandes desafíos que emergió en la conversación fue la participación cultural. Para el invitado, más allá del acceso se trata de generar procesos donde las personas se reconozcan como parte activa de la cultura, desde sus propios contextos y realidades:
“El ejercicio o el músculo social que tenemos que ejercitar está en la participación. Hay tiempos, hay ritmos, hay realidades, hay diversidades (…) y eso es bien importante entenderlo”.
Esto implica reconocer la diversidad de América Latina y evitar enfoques homogéneos, entendiendo que cada territorio tiene sus propios procesos, ritmos y desafíos.
Hacia el cierre, surgió una reflexión crítica sobre quiénes suelen quedar por fuera de las políticas y acciones culturales. André de Paz planteó que muchas veces se excluye precisamente a quienes viven la cultura en su cotidianidad:
“A quienes estamos dejando fuera es a quienes viven la cultura cotidianamente”.
La invitación fue clara: ampliar el alcance de la cultura, abrir espacios y construir puentes hacia nuevas audiencias y comunidades.
Cultura para la vida y el futuro
La conversación dejó una pregunta abierta, que sintetiza el desafío del sector cultural hoy:
“¿Seguimos siendo capaces de ejercitar la creatividad para poner en el centro la cultura como parte de las otras necesidades de las personas(…), para incidir y transformar nuestros espacios y sociedades?”
En un contexto de profundas transformaciones sociales, la cultura aparece como un campo estratégico para conectar con las necesidades reales de las personas, fortalecer la convivencia y construir futuros más justos.
Las reflexiones de André de Paz invitan a entender la cultura como un proceso vivo, colectivo y en permanente construcción. En América Latina, este proceso pasa por reconocer la diversidad, fortalecer la convivencia y ampliar las posibilidades de participación desde lo cotidiano. Más que ofrecer respuestas únicas, la cultura se presenta como un camino compartido que permite construir comunidad, garantizar derechos y, sobre todo, imaginar y hacer posibles otros futuros.


